El cáncer se produce a partir de mutaciones en genes críticos en una sola célula, que permiten eludir el control normal de crecimiento y proliferación, hasta el desarrollo de un tumor clínicamente evidente. Por ello, todos los cánceres son de causa genética. Básicamente, la mayoría de genes responsables son oncogenes o genes supresores.
El riesgo se hereda de forma autosómica dominante. Cada descendiente de un portador de mutación posee la mitad de probabilidades de heredarla junto con el riesgo de desarrollar un cáncer. La transmisión hereditaria de mutaciones en oncogenes es mucho menos frecuente, ya que la eliminación del control del crecimiento celular realizado por estos genes conduciría a la muerte celular del embrión.
Los tumores de portadoras de BRCA1 suelen ser de alto grado, RE-, neu- y presentan una mayor prevalencia del tipo medular, comparado con los cáncer de mama esporádicos. Los tumores asociados a BRCA2 son menos específicos y distinguibles de los esporádicos.